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EL PESIMISMO CONTINUADO ES LA ANULACIÓN DEL PENSAMIENTO

El pesimismo continuado es la anulación del
pensamiento



domingo, 21 de agosto de 2016

¿Para qué (coño) sirve la filosofía? VII. La filosofía como práctica.



A eso de qué será la filosofía tal vez pueda responderse (en parte) dilucidando este otro interrogante que titula esta nuestra sección (fija).
Digamos que una de las posibles respuestas es entender la filosofía como una actividad práctica, al modo en que lo hacía Pierre Hadot
En la actualidad esa postura está representada por ejemplo por Martin Cohen, filósofo británico con varios libros divulgativos y muy amenos (y no por ello exentos de rigor) como 101 dilemas éticos o 101 problemas de filosofía (ambos best-sellers, por cierto).
Precisamente en la contraportada de este último (al menos en la edición española de Alianza Editorial, 2003) encontramos otra de las respuestas a nuestra pregunta:
MARTIN COHEN retoma la aspiración original de la filosofía como actividad, como capacidad que hay que desarrollar, ya que, como apuntara en su día Bertrand Russell, son los interrogantes que plantea la filosofía los que amplían nuestra concepción de lo posible y enriquecen nuestra imaginación intelectual.1



Claro que para muchas de las preclaras mentes de nuestros contemporáneos la ampliación de nuestra concepción de lo posible será considerado algo inútil o hasta nocivo para la salud: 

¿acaso no están los límites de lo real, de la moral, de lo bueno y de lo malo, de la libertad, de los derechos, de las explicaciones (posibles) del mundo, perfectamente delimitados desde hace años, incluso siglos?

¿No ha quedado claro que debemos ser todos emprendedores (pero sólo en un determinado sentido, claro)? 

¿No es obvio que lo más saludable para todos es tomar al (pen)último analfabeto televisivo como modelo a imitar?  

¿Alguien duda de que la receta para la vida feliz es claramente la representada por el estado y la familia pequeño-burguesa? 

¿Acaso no sabemos que este es el mejor de los mundos posibles4 y que, por tanto, sus "crisis" cíclicas (cuando no permanentes) son aspectos inevitables que debemos aceptar (puesto que no es posible) cambiar nada (sería de locos pensar que eso es posible)?


En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte.2

...  O la filosofía.


...Was bleibet aber, stiften die Dichter...3



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1 La negrita es de elasesorfilosofico.
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2Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil. Manifiesto . Ed. Acantilado, 2013.
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3Hölderlin
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4Según una interpretación ingenua de la teodicea leibniziana (luego ridiculizada por el Cándido de Voltaire, como es sabido). La adoptamos aquí no afirmando que Leibniz dijera eso, sino -por contra- afirmando que eso es lo que acríticamente muchos (conociendo o no la Teodicea leibniziana) creen.
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miércoles, 25 de mayo de 2016

Gadamer narra la Historia de la Filosofía (5 de 6)

Tienes los 5 (de 6) capítulos subidos hasta ahora disponibles para ver seguidos en nuestro canal de youtube

                             Historia de la filosofía por Gadamer, 5 de 6

domingo, 1 de mayo de 2016

Gadamer: Historia de la Filosofía en Youtube

Seguimos con nuestra labor de subir a nuestro canal de YouTube la Historia de la Filosofía narrada por Gadamer con los subtítulos en español.  Ésta es la cuarta parte.


Historia de la Filosofía por Gadamer.  4ª parte



miércoles, 23 de marzo de 2016

A vueltas con (el miedo a) la muerte

En esta otra entrada de elasesorfilosofico, dedicada a Cioran, veíamos que la estructura ontológica del hombre es la de un ser-para-la-muerte.

A pesar de los muchos intentos que haya hecho la humanidad por intentar erradicar el miedo a la muerte, éste (o, al menos, incluso en el más voluntarioso de los humanos, una cierta angustia) permanece.  ¿Por qué?  Intentemos responder, brevemente, a este interrogante fundamental.

Seguramente el más famoso de los intentos de eliminar el miedo a la muerte sea el adagio que aparece en la Carta a Meneceo de Epicuro en el IV a. C.:

"el más espantoso de todos los males, la muerte, no es nada para nosotros porque, mientras vivimos, no existe la muerte, y cuando la muerte existe, nosotros ya no somos".

Por mucho que leamos esta frase, por mucho que intentemos convencernos de su veracidad y coherencia, de su (aparentemente) aplastante lógica, queda siempre un reducto de rechazo hacia ella, de sensación de falsedad o de falta de haber dado con el meollo de la cuestión.  Dicho más claro: Epicuro no nos convence.1
Dentro de la misma escuela (helenística) filosófica, el intento de Lucrecio adolece del mismo problema:

"Vuelve ahora la vista atrás y ve que nada fue para nosotros este viejo período de la eternidad que ha precedido nuestro nacimiento.  He ahí, pues, el espejo en el que la naturaleza nos presenta lo que nos reserva el porvenir después de la muerte.  ¿Vemos aparecer allí alguna imagen horrible, algún motivo para el duelo?  ¿No es un estado más apacible que cualquier sueño?"
                                                                         (Lucrecio, De rerum natura, Lib. III, vv.1336-1343, Cátedra, Madrid, 1994:228)


Tal vez quien mejor ha visto (y explicado, con una metodología fenomenológico-existencial) el fracaso del intento epicúreo por librarnos del miedo a la muerte sea Emmanuel Lévinas:

"El antiguo adagio destinado a disipar el temor a la muerte (cuando eres, ella no es y, si ella es, tú no eres) olvida sin duda toda la paradoja de la muerte, ya que oculta nuestra relación con la muerte, que es una relación única con el futuro.
Pero al menos ese adagio insiste en el futuro eterno de la muerte.

El hecho de que se escape de todo presente no remite a nuestra evasión ante la muerte o a una imperdonable distracción del momento supremo, sino al hecho de que la muerte es incomprensible.

(...)

El ahora supone que yo soy el dueño, dueño de lo posible, dueño de captar lo posible. La muerte nunca es ahora. Cuando la muerte existe, yo ya no estoy —no porque yo sea nada, sino porque no me encuentro en disposición de captar nada—.
(...)
En ese sufrimiento en cuyo interior hemos observado esa vecindad de la muerte -y aún en el plano del fenómeno- se produce la conversión de la actividad del sujeto en pasividad. Y no en el instante del sufrimiento en el que, acorralados por el ser, podemos aún captarlo, en el que aún somos sujetos del sufrimiento, sino en el llanto y el sollozo en los que desemboca el sufrimiento. Allí donde el sufrimiento alcanza su pureza, donde ya no hay nada entre él y nosotros, la responsabilidad suprema se torna suprema infancia".


                      (Levinas, Emmanuel;  El tiempo y el otro, Paidós, Barcelona, 1993, pp. 112-113)

Claro que para entender las partes más estrictamente "filosóficas" de estos fragmentos del libro de Levinas (que, en realidad, son unas conferencias pronunciadas en el College philosophique de Jean Wahl) se hace necesario aclarar siquiera brevemente qué entiende el filósofo de origen lituano y adopción francesa por responsabilidad y por infancia.

La responsabilidad es, como indica el propio Levinas en el prefacio a la edición citada, una de las figuras de la socialidad frente al rostro de otro hombre (otros ejemplos de figuras son el erotismo o la paternidad), es una limitación de la libertad.  Es, de hecho, antes y más alta que la libertad, tal como explica Félix Duque en la Introducción: "el hacerme cargo, no de la existencia propia (contra Heidegger) sino de la indigencia ajena.  Ser responsable es abrirse pasivamente (...), abnegadamante a la insondable muerte y al sufrimiento de <<otro-ahí>>, sin considerar a éste como espíritu, sino justamente como corporalidad y carne: como exterioridad".
Con la muerte adviene, pues, la irresponsabilidad: "morir es convertirse en la conmoción infantil del sollozo" (op. cit. p. 113).  Y así se compone la relación de la muerte con la infancia (nuevamente en aclaración de Félix Duque): "El sujeto, a la vista de la Muerte, vuelve a la infancia (se hace in-fans pierde la palabra-que-domina-a-la-bestia) y prorrumpe en sollozos: se hace irresponsable" (op. cit., p. 42).

El hombre es el único ser vivo que sabe que esto es lo que ocurrirá (independientemente de que no se lo formule a sí mismo en estos términos), de ahí que los intentos epicúreos arriba mencionados no nos convenzan, pues no eliminan esa "relación única con el futuro" que supone para nosotros la muerte.  Sabemos que nos va a ocurrir eso.  Digámoslo, si se quiere, en términos menos filosóficos: todo habrá acabado para nosotros cuando la muerte nos alcance.  El mundo seguirá su curso, absolutamente inconmovible por nuestra desaparición.  Se sucederán las generaciones.  Crecerán y morirán miles de árboles.  Y miles de millones de años transcurrirán en el universo, pero no ya para nosotros.  Asumir sin ápice de angustia esa infinitud de la nada que supone para nosotros la muerte se antoja tarea imposible para un ser humano (un existente, por seguir con la terminología existencial) dotado de un mínimo de sensibilidad filosófica.

Pero si el empirismo materialista del intento epicúreo no nos convence y, con Levinas, nos damos cuenta de la especial relación que mantenemos con eso que llamamos muerte, ¿cómo asumirla (si entenderla, como tal, parece imposible)?, es decir, ¿cómo integrarla en nuestro ser (puesto que, innegablemente, la muerte es parte consustancial del ser humano)?


Aparte de la filosofía (hemos visto que Levinas, como ejemplo del análisis fenomenológico-existencial,  nos ayuda a entender en gran medida lo que la muerte supone para nosotros; hay, por supuesto, muchas más "filosofías" que indagan en el asunto y que, con tiempo, acaso veamos algún día en este blog), dos caminos parecen abrírsenos a tal efecto.  Uno es el arte, que nos propone, cuando menos, una comunidad de sentimiento con aquellos otros que han padecido (pathos) como nosotros, lo cual apacigua en buena medida nuestro desamparo:



Vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam

They are not long, the weeping and the laughter,
Love and desire and hate:
I think they have no portion in us after
We pass the gate.
 
They are not long, the days of wine and roses:
Out of a misty dream
Our path emerges for a while, then closes
Within a dream



                                                                                                       (Ernst Dowson)


El otro es la religión.  Pero de éste, Dios mediante, hablaremos en otro momento.
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  1Es el mismo problema del budismo, que también fracasa en procurarnos la salvación y la paz porque parte de una raíz imposible: la eliminación del deseo en el hombre es tan antinatural como el celibato en los sacerdotes cristianos -iniciado por el papa Gregorio VII en el siglo XI (o cualquier otra comunidad, como la de los esenios del mar muerto, supuestamente).  Volver al texto